¿Detrás de bastidores? La participación de las mujeres en el movimiento estudiantil de 1968

Sebastián Giraldo Aguirre

Sociólogo colombiano

Maestro en Estudios de Género – Colegio de México

 

Introducción

“Cuando la memoria gira en torno al 2 de octubre,

se ha borrado ese momento vertiginoso del 26 de julio”

Carlos Monsivais

 

 

Después de una visita a la plaza de las tres culturas en Tlatelolco fue sorpresivo encontrar una heterogeneidad en los nombres que fueron consignados en el monumento a las víctimas, pues la historia oficial sobre el movimiento estudiantil del 68 solo destaca los acontecimientos liderados por figuras masculinas y exalta las conductas viriles de los líderes, ocultando la intervención del resto de la población. Los nombres tallados en la piedra aluden a varones, a la vez que a mujeres y niños, hecho que se convierte en un indicio sobre la implicación de otro tipo de sectores en el movimiento social.

          La coyuntura política generada por el movimiento del 68 se caracteriza, precisamente, por el carácter global que asumió la manifestación en la que terminaron acudiendo diferentes sectores sociales. La noción de la política como un espacio exclusivamente viril, fue matizándose con otro tipo de formas de participación política, circunstancia que reconfiguró el ámbito público y gubernamental de la nación. En medio de este proceso, uno de los sectores que más concentra la atención sobre su contribución es el papel que tuvieron las mujeres a lo largo del periodo de disputa.

         Por este motivo, el presente texto pretende exponer las distintas formas en que las mujeres participaron en el movimiento del 68. Es un ejercicio que intenta revalorar el papel que tuvieron ellas dentro de la movilización, a la que acudieron integrando acciones que sobrepasaban las representaciones de la época sobre la mujer. Por eso, el objetivo de las siguientes páginas es presentar las maneras en que las mujeres se apropiaron de los escenarios públicos y políticos gestados por el movimiento y las estrategias que asumieron para integrase a ellos. Para este fin, en un primer apartado se realiza un resumen sobre el proceso de formación y acción del movimiento. Más adelante se plantea una caracterización de los tipos de participación femenina dentro de la movilización; por último se formulan algunas reflexiones finales1.

 

  1. El movimiento estudiantil del 68. Algunos apuntes generales

 

El movimiento social del 1968 en México constituye una de los paradigmas políticos de la historia contemporánea del país. Aunque estuvo liderado principalmente por estudiantes de la UNAM y del IPN, de igual forma participaron profesores(as), obreros(as), padres(madres) de familia y estudiantes de preparatoria. Los estamentos estudiantiles ganaron legitimación y apoyo social, lo que les permitió difundir sus requerimientos políticos por medio de un conglomerado social heterogéneo, que los defendió y apoyó durante los meses de la movilización.

         Variadas fuentes estiman que el inicio del movimiento se remite a la marcha del 26 de julio convocada por la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, organismo que hacía parte del IPN, para protestar contra la represión que habían sufrido los estudiantes de las vocacionales 2 y 5 en días pasados por parte de la policía2. Esta manifestación coincidió con la conmemoración del asalto al cuartel Moncada de la revolución cubana convocada por el Partido Comunista. En algún momento las dos movilizaciones se integraron y el final de la tarde termina con enfrentamientos en el centro de la ciudad entre estudiantes y las autoridades3.

         A partir de estos hechos se generó una conmoción generalizada por parte de los estudiantes de preparatoria, vocacionales y universitarios, situación que los convocó a organizarse y a tomar acciones para enfrentar la coyuntura. En respuesta a tal situación, se empezaron a ocupar distintas escuelas y a convocar a otras manifestaciones. El 29 de julio los estudiantes convocaron a un mitin  que terminó en largas horas de enfrentamiento con la policía. Después de varias horas de confrontación y debido a la baja capacidad policial para controlar el número de estudiantes, el gobierno de Díaz Ordaz acude a la intervención del ejército, decisión que marcaría otra etapa del movimiento. Este hecho fue consignado por los diarios: “El ejercito intervino para restablecer el orden público. (…) Disturbios de estudiantes del IPN y de preparatorias de la UNAM en el centro que los granaderos no pudieron controlar4.

         Ante la intensificación de los desórdenes entre estudiantes y fuerzas militares durante estos primeros días, se tomó la decisión de entrar en huelga, propuesta que fue  votada en todas las escuelas del IPN, de la UNAM y en algunas universidades de otros estados. En días posteriores esta propuesta terminó convirtiéndose en una huelga general de la educación media y superior en México5. A partir de lo anterior, se confirma que hubo una rápida acción organizativa por parte de los estudiantes, tanto para convocar a la votación de la huelga general, como para la rápida formación del Consejo Nacional de Huelga (CNH).

         EL CNH llegó a estar conformado por jóvenes de distinta formación, entre ellos: marxistas, liberales, católicos, jóvenes del partido comunista, del PRI, de organizaciones cristianas, de diversos grupos estudiantiles con tradición de lucha independiente, estudiantes de barrios populares, y también por parte de parientes de empresarios poderosos o funcionarios públicos. La estructura del CNH era altamente representativa, contenía una concepción social incluyente, no había un dirigente en cabeza sino una dirección colectiva y flexible de más de doscientos líderes que representaban a las asambleas de sus escuelas. Esta estructura organizativa demuestra un nivel de inclusión alto en el que ningún miembro era discriminado por su origen social o su nivel educativo.

         Luego de esta etapa de inicio y formación del movimiento, el mes de agosto constituyó una temporada en la que el estamento estudiantil tuvo una mayor organización política. Sergio Zermeño (1981) afirma que esta etapa se caracterizó por ser punto de mayor coherencia e identidad del movimiento estudiantil, mientras por parte del gobierno hubo un repliegue total de las fuerzas militares. El punto culmen de esta etapa de consistencia del movimiento, fue la marcha del 27 de agosto a la que acudieron más de 500.000 personas.

         Entre las distintos aspectos destacables fue la capacidad organizativa del movimiento encabezada por el CNH, una asamblea plenaria con soberanía y poder político de decisión, y la conformación de distintas comisiones; entre ellas: la de relaciones con las provincias y la de brigadas, que estaban integradas por dos representantes de la universidad, dos del IPN, uno de Chapingo y uno de la normal.  Otro punto a resaltar es el pliego petitorio6 planteado desde sus inicios, en el que se hacía alusión a temas que no solo tenían que ver con el fuero estudiantil, sino con la sociedad mexicana en general, asunto que convocó a los demás sectores sociales a participar.

         El mes de septiembre se caracterizó por fuertes disturbios, los enfrentamientos se volvieron algo de todos los días. La capacidad de organización y control por parte del CNH se desarticuló debido a la pluralidad en la que se había convertido el movimiento. Aunque desde las primeras semanas se habían hecho llamados al diálogo, fue hasta esta crisis que se aceptó la propuesta. Por estos días algunos miembros del CNH fueron recibidos y dieron a conocer el pliego petitorio ante las autoridades7.

         Pero luego de la marcha del silencio, del viernes 13 de septiembre, se agudizaron los enfrentamientos y los disturbios a lo largo de la ciudad, hasta llegar a la ocupación de Ciudad Universitaria por parte del ejército. Por estos días hubo centenares de heridos, algunos muertos y muchos manifestantes presos, entre ellos: estudiantes, profesores y otros participantes, al punto que las cárceles ya no daban abasto en la ciudad. Se tornó tan preocupante la situación, que varios sectores del país dejaron claras sus posiciones frente a la población mexicana por medio de los distintos medios, comunicados del gobierno, de los diputados del congreso y de sectores comerciales que llenaron páginas enteras en los diarios para expresar su opinión8.

         Así transcurrieron estos días, hasta llegar el momento más grave de todos, la matanza del 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco, acontecimiento que sintetiza los episodios de lucha democrática y de creencia en los derechos civiles promovidos por los manifestantes durante los tres meses de la agitación.

 

  1. La participación de las mujeres en los escenarios públicos y

políticos del movimiento del 68

 

A partir de la presentación general del movimiento del 68, surge una pregunta: ¿Qué estaban haciendo las mujeres de los sectores implicados en el movimiento mientras transcurrían la serie de hechos mencionados en las páginas anteriores?

         Después de algunas luchas simbólicas adelantadas por las mujeres mexicanas a comienzos del siglo XX relacionadas con ciertas formas llevar su cuerpo y de las contiendas políticas generadas por su inserción al ámbito laboral y su salida del ámbito doméstico -idea que representaba un ideal nacional postrevolucionario-9, además de las tensiones sociales en torno al derecho al voto, el movimiento del 68 fue un espacio propicio para delatar la transformación histórica que había tenido la mujer mexicana del siglo XX.

         Aunque la distancia social e histórica impartida sobre las mujeres frente al ámbito público condicionó sus habilidades y estrategias para asumirse en los escenarios políticos del país, en el movimiento del 68 se puede constatar los retos simbólicos y materiales que enfrentaron las mujeres para tener una intervención incisiva en los espacios del enfrentamiento. Al igual que la masa de los manifestantes era heterogénea, dentro de las mujeres también se puede percatar distintas cualidades que determinaban su grado o forma de participación; por esta razón presento tres tipos de mujeres partícipes, grupos a los que he llamado: Mujeres heroínas, mujeres contendientes y mujeres madres.

 

 

Mujeres heroínas: Mujeres protagonistas en el movimiento

Uno de los casos más reconocidos de este grupo de mujeres heroicas es el de Roberta Avendaño Martínez, quien era conocida por sus compañeros como Tita. Ella fue una de las mujeres que tuvo una amplía participación en los escenarios de decisión política del movimiento estudiantil, pues era delegada de la facultad de leyes de la UNAM en el CNH. Al ser  una de las estudiantes más destacadas en la facultad, era sabido su amplio conocimiento sobre temas legales y constitucionales, hecho que la llevó a ser una de las encargadas de analizar la situación jurídica que se había generado entre el gobierno y el movimiento en general.

          Uno de los momentos más recordados sobre su participación dentro de los cuadros directivos del CNH fue cuando la eligieron para hablar sobre la ilegalidad e inconstitucionalidad del artículo 145 y 145 bis10 en la concentración en el Zócalo después de la marcha del silencio. Leyó su discurso dando los antecedentes del artículo 145, su desarrollo, su reforma y la razón por la cual debería ser derogado11. Este discurso sirvió para demostrar, no solo ante sus compañeros dirigentes, sino ante todo el público su capacidad oratoria y su liderazgo estudiantil, pues fue una de las pocas mujeres que asumieron responsabilidades de tan alto rango dentro de las actividades públicas del CNH.

En la fotografía, Tita leyendo su discurso en el Zócalo. Fotografía Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

          Su figura fue tan popular que sus compañeros le compusieron un corrido a su honor, estribillo que está consignado en el libro de Elena Poniatowska: La Noche de Tlatelolco. Entrelíneas se puede resaltar el cariño y la admiración que le tenían sus colegas por la inteligencia, la valentía y el liderazgo de una mujer que tuvo que enfrentar muchas vicisitudes debido a su participación activa dentro del movimiento. Una de las consecuencias más graves fue su captura y traslado a la cárcel de mujeres, y enfrentar una sentencia de 16 años de cárcel12. Sin embargo, tres años después con la llegada de Luis Echavarría Álvarez a la presidencia y ante una amnistía se pone en libertad a los líderes estudiantiles del movimiento de 196813.

          Otra de las mujeres que tuvo una participación activa y reconocida dentro de la dirigencia del movimiento fue Ana Ignacia Rodríguez, conocida como Nacha. Ella hizo parte del comité de lucha de la facultad de leyes de la UNAM; sin embargo, su historia tiene un giro distinto al de Tita. Debido a sus apariciones en las distintas manifestaciones y concentraciones convocadas por la CNH, fue detenida tres veces y en algunas de estas retenciones fue víctima de torturas.

          Su primera  detención fue el 18 de septiembre y fue llevada junto a otras 42 mujeres a la cárcel de Lecumberri, debido a que las otras cárceles de mujeres estaban llenas14. Este tipo de información, nos permite comprobar la magnitud de la participación de las mujeres dentro de las distintas actividades convocadas por el movimiento estudiantil, el número de casi medio centenar de mujeres detenidas en tan sólo un acontecimiento, genera un indicio del alto número de mujeres arrestadas durante los tres meses de la agitación estudiantil. La anterior información matiza la hipótesis presentada por Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier (2004) que plantea una heroicidad masculina dentro del movimiento, principalmente, por las estancias en la cárcel, mientras, según las autoras,  las mujeres permanecían en las calles15.

Mujeres arrestadas por participar en algunas manifestaciones. Fotografías AGN.

             El segundo arresto de Nacha fue el 6 de octubre, pocos días después de la matanza de Tlatelolco. La fueron a buscar a su residencia sin orden de detención, porque era requerida por los altos mandos militares. Durante esta captura fue encerrada sola en una celda por siete días, recibiendo maltrato físico y pocas raciones de comida. Por último, su tercera detención fue algunos meses después, el 2 de enero de 1969, mientras estaba en casa de unos amigos del movimiento estudiantil, a los que fueron a buscar para allanar su domicilio y buscar pruebas sobre la presunta influencia comunista dentro del movimiento16, una de las conjeturas más escudadas por el organismos gubernamentales y militares17. Luego de estas tres detenciones, Nacha logró la libertad pagando un alto precio por su participación activa en el movimiento.

          Otra historia que nos puede ilustrar el grado de heroicidad que tuvieron algunas mujeres dentro de los escenarios públicos y políticos del movimiento es el caso de Alcira. Aunque no se cuenta con mayor información sobre su participación real dentro del movimiento, su historia genera atención. El día de la ocupación de la Ciudad Universitaria por parte del ejército, Alcira se encontraba dentro de las instalaciones y por temor a ser violentada o detenida, se encerró con llave en un baño y estuvo en él durante los quince días que duró la asentamineto militar, locación en la que fue encontrada por uno de los empleados de limpieza en condiciones muy graves de salud, debido a que solo estuvo consumiendo agua de la llave durante esos días18. Testimonios como este demuestran los costos humanitarios que trajo consigo la situación política de este periodo, en el que las vicisitudes no solo eran sufridas por los hombres representares del movimiento estudiantil, sino por los participantes en general, entre las que se encontraban muchas mujeres.

          En definitiva, las mujeres también una tuvieron participación heroica dentro del movimiento,  teniendo acciones que no obedecían al estereotipo femenino,  pero que nunca generaron rechazo o ansiedad social sobre su incursión directa en la participación política dentro del CNH y otros escenarios importantes del movimiento. Este tipo de incursiones lideradas por mujeres no han sido muy estudiadas o consignadas en la construcción histórica del movimiento del 68, y puede ser un elemento emergente que puede brindar aportes fundamentales para la comprensión holística de la movilización.

Mujeres contendientes: mujeres que no se quedaron en las casas

 

Existe otro grupo de mujeres, que aunque no tuvieron una participación en los cuadros dirigentes del CNH, tuvieron una colaboración con connotaciones políticas dentro del movimiento, ya que tenían una conciencia política clara sobre los temas que estaban sobre la mesa en la contienda entre el movimiento y el gobierno de Díaz Ordaz. Este grupo está conformado por estudiantes, principalmente, estudiantes universitarias de la UNAM,  por las maestras que por su papel dentro del sistema educativo tuvieron una relación directa con algunos acontecimientos ocurridos durante los meses de movilización, y por algunas otras profesionales19.

          A finales de los sesenta, tan sólo el 17% de los estudiantes de las universidades del país eran mujeres20.  En su mayoría eran mujeres de clase media, un sector poblacional que era uno de los más beneficiados del llamado milagro mexicano, fenómeno económico que estaba viviendo el país desde una década atrás. Según Sergio Zermeño (1981)21 los estudiantes de la UNAM en 1968, generalmente, eran de clase media y alta, algunas cifras sobre la ocupación del jefe de la familia de la cual provenían los estudiantes lo demuestran: un 76% venían de sectores ocupacionales medios y sólo un 17% eran hijos de obreros o campesinos.

          Regularmente las mujeres de estos sectores sociales entraban a carreras como filosofía, ciencias políticas, derecho, programas universitarios que eran tildados como liberales y que no tenían una representación muy virilizada. Estas mujeres también tuvieron una cuota de apoyo dentro del movimiento, acción que fue acompañada de unas posiciones ideológicas y políticas claras gracias a su capital educativo cosechado dentro de las aulas. Por eso, en algunos testimonios22 o archivos fotográficos se puede comprobar al grado de opinión política fundamentada de estas jóvenes, que además de participar en el movimiento desplegando roles femeninos en las brigadas de alimentación o de primeros auxilios, también acudieron activamente a las manifestaciones con pancartas y slogans con contenidos políticos, participaban en los reuniones y mítines convocados por el CNH, e incidían en la información brindada a la opinión pública.

Un grupo de mujeres arrestadas con su pancarta con contenido político. Fotografía AGN.

          También acudieron otras mujeres estudiantes que no hacían parte de la UNAM. Un grupo de ellas fueron las estudiantes de teatro de Bellas Artes, que decidieron no quedarse con los brazos cruzados ante la situación y conformaron brigadas de información visitando plazas, parques públicos y fábricas. Ellas utilizaban sus aptitudes artísticas para desplegar su forma de participación política dentro del movimiento, realizando happenings y haciendo uso de otros tipos de actuaciónes para concientizar al resto de la población de la ciudad sobre la contienda política de la que estaban siendo víctimas los estudiantes23.

          Según algunos testimonios24, se conformaron brigadas convocadas por mujeres para distintos fines: unas para hablar con las personas, otras para repartir propagandas, eso sí, todas bajo las órdenes de la jefa de la brigada general. Este tipo de aclaraciones comprueba la conformación de brigadas de solo mujeres25, que en este caso, hacían uso de sus capacidades educativas o artísticas para colaborar de alguna forma en el movimiento sin necesidad de estar en los cuadros de representantes del CNH.

          En cuanto a la contribución de las maestras, sus formas de incidir en el escenario político del movimiento están muy relacionadas con su papel de educadoras y de control sobre los jóvenes. Sus intervenciones tienden a ser diplomáticas y de contención a los desórdenes públicos, aunque sus opiniones y sus participaciones en las diferentes manifestaciones, al lado de la Confederación de Maestros, daban a entender su compromiso con los pliegos reivindicatorios del movimiento. El ámbito educativo era un escenario especial, debido a que era uno de los pocos escenarios laborales en que las mujeres tenían legitimidad social26, pues todavía existían estereotipos sociales que rechazaban la incursión de las mujeres en otros tipos de trabajo.

          Entre las maestras había algunas que eran directoras de las escuelas preparatorias o vocacionales que estaban inmersas en la movilización. Este cargo les permitía tener cierta representación y control sobre los dos bandos implicados en las manifestaciones. Algunas de ellas también pudieron consignar sus opiniones acerca de los hechos, declaraciones centradas a la crítica al gobierno y al fomento de los estudiantes como un estamento social que debe protegerse27. Este tipo de opiniones remiten al grado de concientización política que tenían algunas maestras sobre lo que estaba implicado en la movilización social de estos meses. De igual manera se encuentran casos como el de Isabel Huerta Parra, que fue castigada a pintar bardas porque, según las autoridades, estaba utilizando su clase para hacer propaganda política28.

Mujeres madres. Otro sujeto de gran aportación

Por último, las madres fueron otro segmento a destacar. Aunque su participación se concentró generalmente a la proyección de sentimientos maternales, su incidencia fue importante en algunos momentos de reclamo ante los agentes gubernamentales. Por eso, su incursión no se puede tachar de poca importancia, porque además de proteger a sus hijos o familiares, de igual manera salvaguardaron los derechos de quienes estaban recibiendo medidas injustas por parte de los organismos judiciales y militares.

          Entre los hechos de protesta llevado a cabo por  grupos de madres se encuentra el registrado por el diario El Nacional el sábado 28 de septiembre, en el que se informa sobre un mitin ante la cámara de cerca de 80 mujeres madres de familia y residentes de la unidad de Tlatelolco, manifestaban su inconformidad por las violaciones que se habían llevado a cabo en este sector y pedían por la libertad de los estudiantes detenidos por las autoridades29. Durante los meses de la agitación, Tlatelolco fue uno de los sectores que más concentró manifestaciones y disturbios, debido a su cercanía al centro histórico de la ciudad y a los centros educativos de  la UNAM y del IPN.

En las fotografías, un grupo madres apoyando en una movilización y el mitín que hicieron ante la cámara. Fotografías consignadas en el libro La Noche de Tlatelolco (Elena Poniatwska)

          La preocupación de las madres se centraba en la suerte que podían correr sus hijos durante las agitaciones que se convirtieron en el pan de cada día en la ciudad durante los meses de agosto y septiembre. De forma que su intervención articulaba un compromiso político con sus intereses familiares, como se puede comprobar en el testimonio de una de las madres que manifiesta su impresión sobre las muertes, la prisión y lo irracional, en lo que, según ella, se ha convertido la disputa entre estudiantes y las autoridades30.

 

 

Consideraciones finales

La participación de las mujeres en el movimiento estudiantil del 68 va más allá de un despliegue de las cualidades femeninas dentro de las distintas actividades y acontecimientos sucedidos durante estos meses. Ellas también tuvieron una amplia colaboración en los escenarios de discusión y enfrentamiento político, en las manifestaciones, en las brigadas, en reclamos hechos a las autoridades judiciales, al igual que tuvieron representantes en los órganos de dirección como el CNH. Lo anterior sirve de apoyo para matizar la invisibilización de la que son víctimas las mujeres en la historia oficial y académica del movimiento del 68.

          La participación de las mujeres heroínas, contendientes y las madres, clasificación propuesta y desarrollada en el presenta trabajo, puede servir de guía para conducir un estudio profundo sobre la implicación de las mujeres en el movimiento. De forma que no podemos hablar en general de “una” participación de las mujeres, porque dejaría de lado las particularidades que tomaron las variadas formas de intervención que se fraguaron a partir de la heterogeneidad social de las mujeres implicadas. Más bien, se debe comprender que según las habilidades y aptitudes de cada una de ellas, se conformaron estrategias de inserción dentro de los diferentes acontecimientos ocurridos durante los meses del enfrentamiento.

          En definitiva, el movimiento del 68 condensó las demandas y acciones que durante algunos años atrás venían conteniendo un grupo de mujeres (estudiantes, maestras, oficinistas) acerca de su participación en la vida política de la nación. Aunque desde el año 1953 las mujeres conquistaron el derecho al voto, el movimiento del 68 fue unos de los primeros escenarios que proporcionó los espacios y oportunidades para que las mujeres, de una forma masiva, participaran activamente en un acontecimiento de alta trascendencia política para el país, estos meses sirvieron de base para la formación de una conciencia política de los y las jóvenes.

          Así entonces, el movimiento social y político que se fraguó durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1968 se convierte en un hito para el transcurso de la vida nacional, ya que fue una plataforma para la politización de un gran sector de la sociedad mexicana.  Incluso, debe catalogarse como un contexto de cambios profundos para los estereotipos de género en el país; tanto así que, como la declara Teresita de Barbieri31, el movimiento del 68 fue un antecedente fundamnetal para los movimientos feministas de los setenta en México, de ahí que sea necesario sacar a la luz las historias de las mujeres, pues sería una maniobra para resignificar lo que realmente fue el movimiento del 68 para la vida política y social de México.

Notas

 

1 Para llevar a cabo este escrito se hizo una revisión de textos y artículos académicos sobre el tema, se realizó una revisión del diario El Nacional, indagando los meses en que tuvo acción  el movimiento, y se analizaron algunos documentos escritos y visuales hallados en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, que contaba con distintos archivos de su propiedad y con algunos documentos del Archivo General de la Nación.

2El día 23 de julio uno de los titulares del diario El Nacional hizo mención a estos desórdenes, titulándolo “Bochornoso Espectáculo de Estudiantes”.

3Zermeño, Sergio. México una Democracia Utópica. El Movimiento Estudiantil del 68.

4El Nacional. Martes 30 de julio de 1968.

5 Zermeño, 1981, pp 57.

6 Los seis puntos del pliego petitorio eran: libertad a los presos políticos, destitución de los jefes policiacos, extinción del cuerpo de granaderos, derogación del artículo 145, indemnización a familiares de las víctimas y deslinde de responsabilidades.

7El Nacional, domingo 1 de septiembre y sábado 7 de septiembre.

8 El Nacional, jueves 19 de septiembre y sábado 21 de septiembre.

9 La idea de una mujer que se hiciera cargo del hogar y del cuidado de su familia, era el estereotipo femenino que se convirtió en uno de los estandartes del discurso nacionalista postrevolucionario, este argumento es precisado por Susie Porter (2004) en su artículo sobre las empleadas públicas en el México posrevolucionario y por Christine Bard (2000) en su texto sobre la historia de los antifeminismos, también en México.

10  El articulo 145 codificaba la  aplicación de una  pena de cinco a cuarenta años de prisión y de ciento veinte a mil ciento cincuenta días de multa, al funcionario o empleado de los gobiernos federal o estatales, o de los municipios, de organismos públicos descentralizados, de empresas de participación estatal o de servicios públicos, federales o locales, que incurran en alguno de los delitos previstos por este titulo, con excepción del delito de terrorismo, cuya pena sería de nueve a cuarenta y cinco años de prisión y de quinientos a mil ciento cincuenta días multa.

11 La noche de Tlatelolco. Testimonios.

12 La noche de Tlatelolco. Testimonios.

13  México una Democracia Utópica. El Movimiento Estudiantil del 68.

14 La noche de Tlatelolco. Testimonios.

15 Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier, 2004.

16  La noche de Tlatelolco. Testimonios.

17 Desde inicios del movimiento estudiantil, principalmente los órganos militares asumían que el comunismo era el principal protagonista dentro de la formación del movimiento. Por este motivo, entre las primeras personas detenidas y luego más perseguidas durante esos meses fueron aquellos que hacían parte de la juventud comunista. Según el sociólogo Sergio Zermeño (1981) , la CIA también tuvo participación para generar este tipo de sospechas, porque según sus informes habían indicios de hostigar los Juegos Olímpicos por parte de grupos comunistas del país.

18La noche de Tlatelolco. Testimonios.

19Algunas  mujeres proporcionaron sus servicios profesionales como doctoras, psiquiatras, abogadas, maestras y periodistas. Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier (2004).

 

 20 Garay y del Valle, 2011.

21Zermeño, 1981. pp 71.

22 ” Pienso que la fuerza y la importancia del movimiento estudiantil se la dio la represión. Más que ningún discurso político, el hecho mismo de la represión politizó a la gente y logró que la mayoría participara activamente en las asambleas” (Carolina Perez Cicero, estudiante de la facultad de filosofía y letras de la UNAM). ” Quizá por eso,  en un principio, en nuestras manifestaciones escogimos al Che, ¡el Che nos unía también a todos los movimientos estudiantiles del mundo! (Claudia Cortés González, estudiante de ciencias políticas de la UNAM)

23La noche de Tlatelolco. Testimonios.

24 La noche de Tlatelolco. Testimonios.

25 Argumento que también es presentado por Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier (2004) en su Texto: “México 68: Hacia una Definición del Espacio del Movimiento. La Masculinidad Heroica en la Cárcel y las Mujeres en las Calles.

26 Desde finales del siglo XIX, uno de los pocos escenarios laborales que fueron válidos socialmente para las mujeres fue el ámbito educativo: se crearon escuelas normales para la formación de maestros de primaria y bachillerato, que en su mayoría eran mujeres.

27 Relato de una maestra: “Un régimen que se ensaña contra sus jóvenes, los mata, los encierra, les quita las horas, días, años de su vida, absolutamente irrecuperables, es un régimen débil y cobarde, que no puede subsistir. (Isabel Sperry de Barraza, maestra de primaria). “Yo creo que si en alguna de las veces que fuimos al Zócalo, el presidente sale al balcón y la hace frente a la multitud, habría logrado dividir y se hubiera ganado a muchos compañeros” (Leonor Vargas Patrón, maestra normalista), fragmentos tomados de La Noche de Tlatelolco.

28 Relato de la maestra: “Sí, de castigo me mandaron a la Escuela Primaria de Santa María Aztahuacán, allá por la Cárcel de Mujeres. Yo era maestra de la Primaria Esperanza López Mateos, por el Pedregal de la Ruiz Cortines, cerca del Estadio Azteca y de mi casa, por Villa Coapa. Recuerdo que aquel día llegué y no me permitió entrar el director a la Escuela. En la puerta me comunicó que estaba cesada, me entregó con altanería un oficio que dice así; “C. PROFR. ANTONIO BARBOSA HEDET. Director General de Educación Primaria. Dirección Número 4 en el D. F. Presente. Con todo respeto me permito poner a disponibilidad ante esa Dirección General, a la Profa. Marina Isabel Huerta Parra clave 43/3462, adscrita a este plantel a mi cargo, porque se ha aprovechado de la clase de Historia en su grupo de 5o. Año para darles a sus alumnos conceptos dolosos y perjudiciales, que lejos de educar, están envenenando la mente infantil de los educandos. Como un ejemplo de lo dicho adjunto el cuaderno de una de las alumnas y una hoja escrita a máquina tomada del texto de dicho cuaderno. Espero que esa superioridad tome en cuenta mi decisión de poner a disponibilidad a la maestra de referencia, en bien de la educación de la niñez. (Testimonio de Isabel Huerta Parra, Archivo General de la Nación, tomado del texto México 68. Cinco Dudas Razonables. Roberto Tello)

29 El Nacional. Sábado 28 de septiembre de 1968.

 

30 La noche de Tlatelolco. Testimonios.

31 Entrevista a Teresita de Barbieri en CIMAC noticias. En  http://www.cimacnoticias.com.mx/node/46739

SIGLAS Y REFERENCIAS

AGN   Archivo General de la Nación, México, D.F.  CNH   Consejo Nacional de Huelga.

BARD, Christine 2000      “Para una historia de los antifeminismos” en Christine Bard (ed.), Un siglo de antifeminismo, Madrid, Biblioteca Nueva, pp. 25-39.

COHEN, Deborah y Lessie Jo Frazier 2004   México 68: hacia una definición del espacio del movimiento : la masculinidad heroica en la cárcel y las “mujeres” en las calles; traducción del inglés de Lorena Murillo. En revista Estudios Sociológicos. Colegio de México. p. 591-623.

GARAY, Adrían y Gabriela del Valle. 2012      Una Mirada a la Presencia de los Mujeres en la Educación Superior en México, en Revista Iberoamericana de Educación Superior (RIES), México, UNAM-IISUE/Universia,  vol 3, No. 6.

MONSIVÁIS, Carlos 1999  “El 68: las ceremonias del agravio y la memoria”, en Scherer y Monsivais.

PONIATOWSKA, Elena 1989    La noche de Tlatelolco. México: Era.

PORTER, Susie 2004   “Empleadas públicas en el México posrevolucionario: necesidad económica, hábitos de consumo y el derecho de las mujeres al trabajo”, Signos históricos, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, núm. 11, pp. 41-64.

RODRÍGUEZ, Ariel. 2003   Los primeros días : una explicación de los orígenes inmediatos del movimiento estudiantil de 1968. En revista Historia Mexicana. Colegio de México.  p.179-228.

ZERMEÑO, Sergio. 1981    México: una democracia utópica. El movimiento estudiantil del 68. Prólogo de Carlos  Monsivais. México: Siglo Veintiuno Editores.

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